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2.2 DE LA DESCRIPCIÒN DE LA SOCIEDAD DE LA ÉPOCA

2.2 DE LA DESCRIPCIÒN DE LA SOCIEDAD DE LA ÉPOCA

La sociedad quiteña de fines de siglo XVIII y principios del siglo XIX hunde sus raíces en una cultura colonial que empieza a quebrarse, pero que sin embargo aun se alimenta de ella. Siendo aun colonia española es vulnerable a los vaivenes de la metrópoli a la vez que de sus propias contradicciones internas.

 A fines del siglo XVIII, la población de la ciudad era muy diversa. En ella vivían aproximadamente 25 mil personas(1), que realizaban distintas actividades económicas, participaban o trabajaban en diferentes instituciones, se relacionaban con distintos grupos de formas solidarias o conflictivas y se movían en espacios diversos en el contexto de la vida colonial.

Con el correr de los siglos el mestizaje y la aculturación diversificaron la población surgiendo nuevas expresiones pero manteniendo  la lógica de la estratificación. Nada más expresivo de esto que la voz de la ciudad que se manifiesta particularmente en su lenguaje, era igual de heterogéneo que sus habitantes. Unos hablaban castellano y otros la lengua de los incas, o el quetchwa, pero ninguna de las dos se hablaban de forma totalmente pura, porque en su forma coloquial convivían las dos lenguas.  Se hablaba una especie de español aderezado de una serie de qetchwismos, al igual que un quetchwa lleno de españolismos.

El entramado social no es posible de explicar teniendo en cuenta  únicamente los acontecimientos, es necesario considerar también los códigos culturales que se construyen a largo plazo y que están  implícitos en las relaciones sociales. Esto  nos introduce a la dinámica de una sociedad marcada por la estratificación social que enfrenta los cambios del siglo XVIII, de forma distinta al mundo europeo y que le va dando su propia impronta cultural, lo que en palabras de Echeverría significaría (...) “un ethos [barroco] que no se compromete con el proyecto civilizatorio de la modernidad capitalista (...) distanciamiento que no es la de un quietismo indiferente o de un abandono del mundo, sino justamente la de una “desviación esteticista de la energía productiva” en la construcción de este mundo; la de una actividad preocupada casi obsesivamente en poner el disfrute de lo bello como condición de la experiencia cotidiana, en ubicar la belleza como elemento catalizador de todos los otros valores positivos del mundo.(...)(2) “que vuelve fluidos los limites entre el mundo real y el mundo de la ilusión”.


DE LA  MUJER EN LA SOCIEDAD

El grupo social las mujeres que formaban parte de la elite, se encontraban subordinadas a decisiones masculinas, y aunque excluidas desde lo formal en el reconocimiento social y  legal, mantenían mecanismos de participación, principalmente desde el espacio privado. Podemos reconstruir la presencia de la mujer en la sociedad mediante el relato de los viajeros:
 “Las mujeres Quiteñas son hermosas y sociables como las de Guayaquil, gustan de fumar. “Las señoras me parecieron amables, aunque poco instruidas, lo que sin duda debe prevenir del aislamiento de la ciudad” (4)(Osculati).

Pfeiffer está segura de que las mujeres de Quito sólo deben abrir el misal y el libro de las horas. Pero les atribuye un gran talento y sensatez tanto que sobrepasan a los hombres y se mezclan en asuntos políticos, a consecuencia de estas aficiones, las mujeres quiteñas tienen que pasar meses encerradas en los conventos.(5)

Holinski describe a todas las mujeres quiteñas como muy proclives al fanatismo religioso mezcla de terror y fe, que las lleva a actos como el castigo físico para purgar los pecados, y la mutilación de sus hermosas cabelleras para dedicarlas a imágenes de vírgenes o santos.


DE LOS ESCLAVOS

Los negros quienes además en su posición de  esclavos, eran propiedad exclusiva de la elite, y eran por lo tanto mercancía y un bien de lujo, destinándolos para trabajos pesados y algunas mujeres para servicio de compañía y domestico. Sin embargo estos grupos subalternos desarrollaron estrategias de resistencia a situaciones de maltrato y violencia. Por ejemplo los esclavos recurrían a pedidos de tasación o denuncias de maltratos ante las autoridades. Si bien la tasación pública explicitaba el carácter de mercancía que tenían los esclavos, para estos era un mecanismo que  les permitía cambiar de dueño, y así evitar maltratos o separación de los miembros de la familia. (6)
Fuente: GARRIDO, María José; TOMASELLI, Carolina, Quito en la historia, investigación inédita, año 2006

(1) Dato tomado de: Ibarra Dávila, Alexia.: Estrategias del mestizaje: Quito a finales del siglo XVIII. Ediciones Abya Ayala. Quito. 2002. Pág.33 Existen varias estimaciones sobre la población  de Quito para este período, dada la inexistencia de un censo poblacional.
(2) Echeverría Bolívar.: La Modernidad de lo Barroco. Ediciones Era.  Pág. 186
(3) Hans Tintelnot. “Annotazioni suportanza della festa teatrale per la vita artisistica e dinastica nel Brroco”en Enrico Castelli (comp.,), Retorica e barroca, Bocca,Roma, 1955, p.233. En Echeverría. Op Cit.  Pág. 195
(4)Toscano
(5)Op.cit. Toscano
(6)Archivo Nacional del Ecuador. Serie Esclavos. Cajas 18 (expediente 6), 19 (expediente 1, 13), 20 (expediente 1), 21 (expediente 5) En la lectura de estos expedientes se puede encontrar que las formas de resistencia también podía ser la huida, o  la resistencia física para abandonar un lugar, cuando suponía separación de la familia por venta. Otras formas de evitar o denunciar la violencia era mediante discursos que apelaban a  valores cristianos, en la que si bien hay una  auto percepción  como esclavo-mercancía, también muestra una conciencia de sujetos — cristianos. Otra forma de evitar la esclavitud era mediante la compra de la libertad. 



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